2019.03.17 Homily

Gospel and readings at USCCB

I’ve mentioned it in a few homilies, but in my sixth year of seminary my whole class went to the Holy Land for nine weeks. It was a wonderful learning experience, getting to see the places where the Bible happened.

But the best part of any journey, is coming home again.

First stop in the airport after I got back was getting some regular old coffee, and a bacon cheeseburger.

Everything was different over there. The only coffee was espresso or Turkish coffee , which had cardamom in it. They followed kosher food laws, so meat and cheese couldn’t be in the same dish, and bacon was not allowed.

Their concept of comfort was different. Everything was small, (which was a big problem for me). Their beds, couches, chairs, cars.

It was completely alien.

And it was great to get home.

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In our Gospel today, Jesus pulled back the veil, and showed us our true home.

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His transfiguration, was a glimpse of heaven.

Brilliant and shining, the people we want to see, immediately present.

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But Peter didn’t get it. He wanted to drag heaven to earth, to make them a dwelling here.

He had his homes mixed up.

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“Their minds are occupied with earthly things.

But our citizenship is in heaven,

and from it we also await a savior, the Lord Jesus Christ.

He will change our lowly body

to conform with his glorified body

by the power that enables him also

to bring all things into subjection to himself.”

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Our true home, is not here.

As uncomfortable as we feel when visiting a foreign land: that is how we should feel while we are on this earth.

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It was the challenge offered to Peter by the voice of God, and it is the challenge offered to us today.

To cut our ties of security and comfort with this world, and replant them in paradise.

To get to know our true home, by spending time there, which is always accomplished in prayer and liturgy.

To be so focused on God and heaven, that we move through this world, as if in a dream.

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This world, was given to us by God as a place to learn about Him, and to learn about our true home.

May we learn, to always look to Him, and be at home in the life, we are birthed to at death.

En Español

Evangelio y lecturas en la USCCB

Lo he mencionado en algunas homilías: en mi sexto año de seminario, toda mi clase fue a Tierra Santa durante nueve semanas. Fue una experiencia de aprendizaje maravillosa, poder ver los lugares donde Jesús caminó en la tierra.

Pero lo mejor de cualquier viaje, es volver a hogar.

La primera parada en el aeropuerto después de mi regreso, fue a tomar un café regular y una hamburguesa con queso y tocino.

Todo era diferente por allí. El único café era el espresso. Siguieron las leyes de comida kosher, por lo que la carne y el queso no pudieron estar en el mismo plato y no se permitió el tocino.

Su concepto de confort era diferente. Todo era pequeño (lo que era un gran problema para mí). Sus camas, sofás, sillas, coches.

Fue completamente ajeno.

Y fue maravilloso volver a hogar.

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En nuestro Evangelio de hoy, Jesús retiró el velo y nos mostró nuestro verdadero hogar.

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Su transfiguración, fue un vision del cielo.

Brillantes, y las personas que queremos ver, presentes de inmediato.

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Pero Pedro no lo entendió. Quería arrastrar el cielo a la tierra, hacer de ellos una morada aquí.

Él tenía sus hogares mezcladas.

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“Nosotros, en cambio, somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos que venga nuestro Salvador, Jesucristo. Él transformará nuestro cuerpo miserable en un cuerpo glorioso, semejante al suyo, en virtud del poder que tiene para someter a su dominio todas las cosas.”

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Nuestro verdadero hogar, no está aquí.

Tan incómodo como nos sentimos al visitar una tierra extranjera: así es como debemos sentirnos mientras estamos en esta tierra.

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Fue el desafío ofrecido a Pedro por la voz de Dios, y es el desafío que se nos ofrece hoy.

Cortar nuestros lazos de seguridad y confort con este mundo, y replantarlos en el paraíso.

Para conocer nuestro verdadero hogar, pasando tiempo allí, lo cual siempre se logra en la oración y la liturgia.

Para estar tan concentrados en Dios y en el cielo, nos movemos a través de este mundo, como en un sueño.

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Este mundo nos fue dado por Dios como un lugar para aprender acerca de Él y para aprender sobre nuestro verdadero hogar.

Que aprendamos, que lo miremos siempre y que estemos en casa en el cielo.

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