2019.11.17 Homily

Readings and Gospel at USCCB

That day is coming.

The day of wrath, of fire, of war, destruction.

The day when the old order will completely pass away, melting like snow in the heat of the sun.

When the Son of God walks again on an earth made new, the dead rise from their graves, the final judgement, the damned cast into Hell, and the blessed walking with God in a New Eden for all eternity.

That day.

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We are confronted with an ending.

That is what this whole month of November is about in the Church, in remembering and praying for our beloved dead, as well as preparing ourselves for our own inevitable death, and looking forward with longing for the second coming of Christ.

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For us, it is a good time to call to mind the practicalities of death and dying, and remember what our Church teaches about the Anointing of the Sick, as well as the funeral rites and burial. 

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When the hour of death draws near, it’s time to receive the Anointing of the Sick.

The sacrament can be received whenever we are sick, but as we approach death, it takes on a different aspect.

When we are sick, the sacrament gives us graces to get through the illness, and sometimes even graces to be healed in a miraculous way.

When we are dying, it gives us the graces of strength, peace, and courage as we approach death. It also includes the forgiveness of sin through the Sacrament of Penance.

And there are two options for the sacrament that are only available to the dying:

The Apostolic Pardon: an indulgence that is only given to those who are dying.

And Viaticum, the last communion of a dying person: giving them sustenance for the journey through death into life.

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Considering the Catholic funeral and burial, it consists of three parts: first, the Vigil Service; second, the Funeral Mass, and finally the Rite of Committal. 

All three are special moments: times when the Church on earth is united with the Church in Heaven, praying for the Church in Purgatory. It points us to our end in Heaven with God, but it also gives us a chance to commend our loved one to God’s mercy.

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When it comes to burial, the church prefers for the body to be buried, but allows for cremation and burial of the cremains. 

It is ideal and highly recommended, if the deceased is to be cremated, that the body should be present at least for the funeral mass, though it is not required.

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Death is a sacred time, and the Church surrounds all sacred things with appropriate ceremony and ritual. 

The rules and regulations may seem arbitrary and strange, but I promise you, they all make sense when you’re walking through them after the death of a loved one.

We need time to mourn, the Church gives us that time. We need to be confronted with the reality of death and the afterlife, and the Church includes the necessary language in her liturgies. We need something to do with the pain, and the Church constantly invites us to pray, to pour our pain into petition. And we need hope, and so we are constantly pointed towards Christ, our only hope.

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Let us give thanks to God for the wonderful gift he has given us in our Catholic approach to death and dying, and ask him to prepare us for that day. 

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Ese día se acerca.

El día de la ira, del fuego, de la guerra, la destrucción.

El día en que el viejo orden desaparecerá por completo, derritiéndose como la nieve al calor del sol.

Cuando el Hijo de Dios camina nuevamente sobre una tierra hecha nueva, los muertos resucitan de sus tumbas, el juicio final, el condenado arrojado al Infierno y el bendito caminar con Dios en un Nuevo Edén por toda la eternidad.

Ese día.

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Nos enfrentamos a un final.

De eso se trata todo este mes de noviembre en la Iglesia, de recordar y orar por nuestros seres queridos muertos, así como de prepararnos para nuestra propia muerte y esperar la segunda venida de Cristo.

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Para nosotros, es un buen momento para recordar los aspectos prácticos de la muerte, y recordar lo que nuestra Iglesia enseña sobre la Unción de los enfermos, así como los ritos funerarios y el entierro.

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Cuando se acerca la hora de la muerte, es hora de recibir la Unción de los enfermos.

El sacramento se puede recibir cuando estamos enfermos, pero a medida que nos acercamos a la muerte, adquiere un aspecto diferente.

Cuando estamos enfermos, el sacramento nos da gracias para superar la enfermedad y, a veces, incluso gracias para ser curados de manera milagrosa.

Cuando estamos muriendo, nos da las gracias de fortaleza, paz y coraje a medida que nos acercamos a la muerte. También incluye el perdón del pecado a través del Sacramento de la Penitencia.

Y hay dos opciones para el sacramento que solo están disponibles para los moribundos:

El perdón apostólico: una indulgencia que solo se da a los que están muriendo.

Y Viaticum, la última comunión de una persona moribunda: darles sustento para el viaje de la muerte a la vida.

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Considerando el funeral y entierro católico, consta de tres partes: primero, el Servicio de Vigilia; segundo, la misa fúnebre, y finalmente el rito de compromiso.

Los tres son momentos especiales: momentos en que la Iglesia en la tierra está unida con la Iglesia en el Cielo, rezando por la Iglesia en el Purgatorio. Nos señala nuestro fin en el cielo con Dios, pero también nos da la oportunidad de recomendar a nuestro ser querido a la misericordia de Dios.

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Cuando se trata de enterrar, la iglesia prefiere que el cuerpo sea enterrado, pero permite la cremación y el entierro de los cremains.

Es muy recomendable, si el difunto ha de ser incinerado, que el cuerpo esté presente al menos para la misa fúnebre, aunque no es obligatorio.

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La muerte es un tiempo sagrado, y la Iglesia rodea todas las cosas sagradas con ceremonias y rituales apropiados.

Las reglas y regulaciones pueden parecer arbitrarias y extrañas, pero vemos por qué son necesarias cuando las experimentamos después de la muerte de un ser querido.

Necesitamos tiempo para llorar, la Iglesia nos da ese tiempo. Necesitamos confrontarnos con la realidad de la muerte y el más allá, y la Iglesia incluye estos conceptos en sus liturgias. Necesitamos algo que ver con el dolor, y la Iglesia nos invita constantemente a orar, a verter nuestro dolor en la petición. Y necesitamos esperanza, y por eso apuntamos constantemente hacia Cristo, nuestra única esperanza.

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Demos gracias a Dios por el maravilloso regalo que nos ha dado en nuestro enfoque católico de la muerte, y pídale que nos prepare para ese día.

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