2019.12.01 Homily

Readings and Gospel at USCCB

We’ve got the summer Olympic games coming up next year in Tokyo.

There are some of the games I really enjoy watching, particularly short distance sprinting.

It requires an absurd level of perfection, even by Olympic standards.

No time or energy can be wasted.

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You see it when the runners are at the starting line.

Their eyes locked in concentration on their goal. 

Every muscle in their body taut and ready to spring into action.

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That readiness to spring into action, that’s what our Gospel is about.

To be waiting with eager anticipation for the second coming of Jesus, to be completely focused on that approaching reality. 

Not distracted by the passing things of this world that won’t matter for the rest of eternity.

But instead leading a life dedicated to prayer and service.

Shunning comfort, embracing action.

Living completely for Christ.

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I do not stand here recommending this kind of life as one who is already living it perfectly.

Indeed, to live the kind of life Jesus calls us to, is impossible for mere humans.

But nothing | is impossible for God.

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Ask God for this life, starting on this first day of Advent.

And then continue to ask him every day, until you close your eyes in death.

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Or perhaps you don’t even want that sort of life.

Then start by asking for the wanting of that life of discipleship.

We all have to start where we’re at.

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God can give us all things, he can form us into saints.

Let us never be comfortable: living a mediocre life.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Tenemos los Juegos Olímpicos de verano el próximo año en Tokio.

Hay algunos de los juegos que realmente disfruto viendo, especialmente las carreras de corta distancia.

Requiere un nivel absurdo de perfección, incluso para los estándares olímpicos.

No se puede desperdiciar tiempo ni energía.

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Lo ves cuando los corredores están en la línea de salida.

Sus ojos se concentraron en su objetivo.

Todos los músculos de su cuerpo están tensos y listos para entrar en acción.

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Esa disposición a entrar en acción, de eso se trata nuestro Evangelio.

Estar esperando con ansiosa anticipación la segunda venida de Jesús, estar completamente enfocado en esa realidad inminente.

No distraído por las cosas pasajeras de este mundo que no importará por el resto de la eternidad.

Pero en cambio lleva una vida dedicada a la oración y al servicio.

Rehuyendo la comodidad, abrazando la acción.

Viviendo completamente para Cristo.

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No estoy aquí recomendando este tipo de vida como alguien que ya lo está viviendo perfectamente.

De hecho, vivir el tipo de vida a la que Jesús nos llama es imposible para los humanos.

Pero nada | es imposible para Dios.

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Pídale a Dios por esta vida, comenzando en este primer día de Adviento.

Y luego continúa preguntándole todos los días, hasta que cierres los ojos en la muerte.

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O tal vez ni siquiera quieres ese tipo de vida.

Luego comience por pedir el deseo de esa vida de discipulado.

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Dios puede darnos todas las cosas, puede formarnos en santos.

Nunca seamos cómodos: vivir una vida mediocre.

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