2020.01.12 Homily

Readings and Gospel at USCCB

Today we celebrate the Baptism of the Lord. 

We celebrate the baptism of the one person who did not need to be baptized.


He did not need it, but Jesus was baptized, to show us the way.

The way to rebirth, the way to becoming a beloved child of God.


For when the Heavens opened, the Spirit came forth, and pronounced Jesus as God’s beloved Son: it was a shewing of what happens at our own baptism.

Baptism has made each of us, the beloved sons and daughters of God.


To unpack what this means, consider a common image for Baptism: that when we are Baptized we are grafted on to Christ.


Grafting isn’t a common thing we run into everyday, it is a specific horticultural technique, and it’s one we’ve all benefited from.


The grafting process is when one plant is joined to another plant, thus allowing for different properties to be exhibited in one plant as the two parts grow together.

A typical example would be a fruit tree. If you take an apple seed and plant it, a small tree will grow, but it won’t last long. It’s roots are naturally weak.

But if you start a stronger tree, then cut it off near the base, and insert the top portion of an apple tree into that cut, you get a tree that will live and produce for a long time. 

The roots and base of the trunk, called the rootstock, give the nourishment and support the apple tree needs, but which it’s natural roots would be too weak to give.


This process is used as an image for Baptism, because we are too weak to survive without God.

We can’t flourish without Him, we will simply crash and burn.


But when we are grafted on to God, his life flows through us, sustains us.

It is then that we blossom, and produce fruit.


We are not annihilated in this process, our integrity remains, but the source of our energy and capability becomes God.

We truly become His children, living in His house, following His rules, joyfully gathered around His table.


May we all reflect today on our own adoption, our grafting in to Christ that happened at our baptism. And give thanks to God, for such an infinitely valuable gift. 

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB ( no disponible en español, no estoy seguro de por qué)

Hoy celebramos el bautismo del Señor.

El bautismo de la persona que no necesitaba ser bautizada.

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Pero Jesús fue bautizado, para mostrarnos el camino.

El camino al renacimiento, el camino para convertirse en un amado hijo de Dios.

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Porque cuando se abrieron los cielos, el Espíritu salió y pronunció a Jesús como el Hijo amado de Dios: indicaba lo que sucede en nuestro propio bautismo.

El bautismo nos ha hecho a cada uno de nosotros, los amados hijos e hijas de Dios.


Para entender lo que esto significa, considere una imagen común para el bautismo: que cuando somos bautizados somos injertados en Cristo.

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El injerto es un proceso hortícola en el que una planta se une a otra planta, por lo que se pueden exhibir diferentes propiedades en una planta a medida que las dos partes crecen juntas.

Un ejemplo sería un manzano. Si planta una semilla de manzana, crecerá un árbol pequeño, pero no durará mucho. Sus raíces son naturalmente débiles.

Pero si tiene un árbol más fuerte, córtelo cerca de la base e inserte la parte superior de un manzano en ese corte, obtendrá un árbol que vivirá y producirá durante mucho tiempo.

Las raíces y la base del tronco, brindan el alimento y el soporte que necesita el manzano, pero que sus raíces naturales no podían.


Este proceso se usa como una imagen para el bautismo, porque somos demasiado débiles para sobrevivir sin Dios.

Pero cuando estamos injertados en Dios, su vida está en nosotros, su vida nos sostiene.

Es entonces cuando florecemos y producimos frutos.

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No somos destruidos en este proceso, nuestra integridad permanece, pero la fuente de nuestra energía y capacidad se convierte en Dios.

Realmente nos convertimos en Sus hijos, viviendo en Su casa, siguiendo Sus reglas, alegremente reunidos alrededor de Su mesa.


Que todos reflexionemos hoy sobre nuestra propia adopción, nuestro injerto en Cristo que sucedió en nuestro bautismo. Y dale gracias a Dios por un regalo tan valioso.

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