2020.06.28 Homily

Readings and Gospel at USCCB

Consider for a moment, monastic communities of men within our Catholic faith.

Commonly referred to as monks, wearing long black robes, chanting psalms, working in the fields by day, and spending long hours in prayer by night.

I always think of monks as I saw them in that famous excommunication scene of the 1964 movie Becket, chanting, carrying candles, in a dark church.

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Monks take vows, typically three: vows of poverty, obedience, and chastity.

They dedicate their lives to God, prayer, and work.

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The connection between those monks and our Gospel and readings, is the process they go through when they profess their vows.

They lay down before the altar, dressed in black, and a funeral shroud is laid over them.

In this symbolic death, they leave everything behind: family, friends, hopes, dreams, it all has to die.

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They show through this action, that they want to live out the words of our Gospel today: preferring nothing to Jesus.

But this image, is also an image for all of us, for as our second reading says:

“Are you unaware that we who were baptized into Christ Jesus, were baptized into his death?”

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Being a Christian, following Jesus, is an action marked by death.

We die to our wants and desires, we put our sins to death, we consider everything of secondary importance: there is God alone, in him we place our hope, our trust, all our love.

For He first loved us.

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But our readings and Gospel does not leave us in death.

Death always leads to resurrection and true life!

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We die to our wants, our desires, our sin, so that we can live: in the wants of God, the virtues, taught to us by Jesus.

Jesus is telling us the truth this day: that if we throw away our life in pursuit of him, if we jettison everything so we can cling only to God: then we will find real life.

The life, of God.

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What do you need to die to, what hopes and dreams do you need to set aside, so you can focus completely, on Christ?

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Considere las comunidades monásticas de hombres dentro de nuestra fe católica.

Comúnmente llamados monjes, vestidos con largas túnicas negras, cantando salmos, trabajando en los campos durante el día y pasando horas en oración por la noche.

Los monjes hacen tres votos: votos de pobreza, obediencia y castidad.

Dedican sus vidas a Dios, la oración y el trabajo.

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La conexión entre esos monjes y nuestro Evangelio y lecturas, es el proceso que atraviesan cuando profesan sus votos.

Se acuestan en la iglesia, vestidos de negro, y se les coloca una mortaja de funeral.

En esta muerte simbólica, dejan todo atrás: familia, amigos, esperanzas, sueños, todo tiene que morir.

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Muestran a través de esta acción que quieren vivir las palabras de nuestro Evangelio hoy: prefiriendo nada excepto Jesús.

Pero esta imagen, también es una imagen para todos nosotros, ya que como dice nuestra segunda lectura:

“Todos los que hemos sido incorporados a Cristo Jesús por medio del bautismo, hemos sido incorporados a su muerte.”

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Ser cristiano, seguir a Jesús, es una acción marcada por la muerte.

Morimos a nuestras necesidades y deseos, damos muerte a nuestros pecados, consideramos todo de importancia secundaria: solo está Dios, en él ponemos nuestra esperanza, nuestra confianza, todo nuestro amor.

Porque primero nos amó.

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Pero nuestras lecturas y el Evangelio no se detienen en la muerte.

¡La muerte siempre conduce a la resurrección y a la verdadera vida!

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Morimos a nuestros deseos, nuestros deseos, nuestros pecados, para poder vivir: en los deseos de Dios, las virtudes que nos enseñó Jesús.

Jesús nos está diciendo la verdad este día: que si descartamos nuestra vida en su búsqueda, si desechamos todo para poder aferrarnos solo a Dios: entonces encontraremos la vida real.

La vida de Dios.

////¿Para qué necesitas morir, qué esperanzas y deseos necesitas dejar de lado, para que puedas concentrarte completamente en Cristo?

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