2020.07.05 Reflection and Homily

We have a seminarian staying with us this summer at St Eustachius and St Cecilia. His name is Nick Zummo, and since we’re in quarantine, he wrote up a reflection on the Gospel and presented it via video, check it out!

Here’s the link: https://youtu.be/uKCtWCz7Nf8

And here’s my homily for the weekend:

Readings and Gospel at USCCB

There is the wisdom of this fallen world, the wisdom of Machiavelli, Voltaire, Hobbes, Nietzsche, and so many others.

And then there is the wisdom of God.

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God’s wisdom is found in humility.

There is something wise about meekness, being simple in terms of having few priorities.

A sense of wonder at the universe around us, getting lost in novelty.

Rejoicing at every sunrise as if it were the first we ever saw.

It’s a willingness to be vulnerable, and thus see things for what they truly are.

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As we grow old, we look for a sense of security and safety. We look to shed ourselves of humility and vulnerability, and with it, unfortunately, goes that sense of wonder.

We find this sense of security in various ways, routines and schedules, defensive structures and postures, rules to live by, and power, often secured by money.

We use all these things, to distract ourselves from the one thing we want to run away from: vulnerability in the face of an almighty God and his creation.

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There is a terrifying freedom, in dropping the yoke we have crafted for ourselves, a yoke of a false sense of security, and bending to the yoke that Jesus offers, the yoke of vulnerability and wonder.

Terrifying because following Jesus is a vulnerable position, which will result in martyrdom, whether red or white (or sometimes blue), because that yoke makes us directly face reality, without recourse to that sense of security we used before.

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When we bend to that yoke, we become like children.

We are truly safe, as long as we are holding the hand of our Heavenly Father.

We are able to look in wonder on all things, for God makes all things new.

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Today, let us ask Jesus, to show us what parts of our yoke we are still clinging to, and ask his help, in leaving that yoke behind, and taking up his.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Existe la sabiduría de este mundo caído, la sabiduría de filósofos, funcionarios gubernamentales y líderes populares.

Y luego está la sabiduría de Dios.

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La sabiduría de Dios está enraizada en la humildad.

Hay algo sabio en la mansedumbre, ser simple al tener pocas prioridades.

Una sensación de asombro en el universo que nos rodea.

Regocijándonos en cada amanecer como si fuera el primero que vimos.

Es una voluntad de ser vulnerable y, por lo tanto, ver las cosas como realmente son.

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A medida que envejecemos, buscamos una sensación de seguridad y protección. Buscamos deshacernos de la humildad y la vulnerabilidad, y con ello, desafortunadamente, perdemos esa sensación de asombro.

Encontramos esta sensación de seguridad de varias maneras: rutinas y horarios, posturas defensivas, reglas para vivir y poder, a menudo asegurados con dinero.

Usamos todas estas cosas, para distraernos de la única cosa de la que queremos escapar: la vulnerabilidad ante un Dios todopoderoso y su creación.

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Hay una libertad aterradora, al soltar el yugo que hemos creado para nosotros, un yugo de una falsa sensación de seguridad, y agacharse al yugo que Jesús ofrece, el yugo de la vulnerabilidad y la maravilla.

Aterrador porque seguir a Jesús es una posición vulnerable, lo que resultará en martirio, ya sea rojo o blanco (o, a veces, azul), porque ese yugo nos hace enfrentar directamente la realidad, sin recurrir a esa sensación de seguridad que usamos antes.

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Cuando nos doblamos a ese yugo, nos convertimos en niños.

Estamos verdaderamente seguros, siempre y cuando estemos sosteniendo la mano de nuestro Padre Celestial.

Podemos mirar maravillados todas las cosas, porque Dios hace todas las cosas nuevas.

////Hoy, pidamos a Jesús que nos muestre a qué partes de nuestro yugo todavía nos aferramos, y solicitemos su ayuda para dejar ese yugo atrás y tomar el suyo.

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