2020.07.26 Homily

Readings and Gospel at USCCB

March 17th, 2020. My 31st birthday.

But that is not how I will remember it.

I’ll remember it as the last day of school before we closed for the rest of the year.

The day public mass was canceled for the foreseeable future in the diocese of Springfield-Cape Girardeau.

The day our world became more strange and frightening than I ever imagined it could.

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But when you have found a priceless treasure, a pearl of great price, a full harvest, difficult times take on a different hue.

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I’m reminded of the martyrs who went singing and cracking jokes to their deaths.

We have already died in Baptism, we are living for eternity, the sufferings of the present are nothing compared to the glory for which we were created.

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Listen again to the words of our second reading:

“All things work for good for those who love God.”

All things work for good … for those, who love God.

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The cost of following Jesus is astronomical.

When we say yes to infinity, we must say no to a lot of dead ends.

But the promise of Jesus, is that the cost is worth it.

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Though the world fall apart all around us, due to Covid or war or social unrest or anything, He won’t be going anywhere.

Though we be lead to our deaths, the sword at our necks, lions ripping at our throats: it is at most a minor inconvenience.

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We are no longer invested in this fallen world, it will continue to destroy itself in the sin it perpetuates, it has no future.

Our hope is in God, and with his help, we bring Heaven with us, into this self-destructing world.

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Eternity is being born, and the fallen world quakes in contractions, as the Kingdom of God destroys all power of the enemy. Amen.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

17 de marzo, año dos mil veinte. Mi trigésimo primer cumpleaños.

Pero no es así como lo recuerdo.

Lo recuerdo como el último día de clases antes de que cerráramos por el resto del año.

El día en que se canceló la misa pública en la diócesis de Springfield-Cape Girardeau.

El día que nuestro mundo se volvió más extraño y aterrador de lo que nunca imaginé.

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Pero cuando ha encontrado un tesoro invaluable, una perla de gran precio, una cosecha completa, los tiempos difíciles adquieren un aspecto diferente.

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Me acuerdo de los mártires que fueron cantando a la muerte.

Ya hemos muerto en el bautismo, estamos viviendo por la eternidad, los sufrimientos del presente no son nada comparados con la gloria para la cual fuimos creados.

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Escuche nuevamente las palabras de nuestra segunda lectura:

“Todas las cosas funcionan para bien para los que aman a Dios”.

Todas las cosas funcionan para bien … para aquellos que aman a Dios.

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El costo de seguir a Jesús es astronómico.

Cuando decimos sí al infinito, debemos decir no a muchas cosas limitadas.

Pero la promesa de Jesús es que el costo lo vale.

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Aunque el mundo se desintegra a nuestro alrededor, debido a Coronavirus o guerra o disturbios sociales o algo así, Él no irá a ninguna parte.

Aunque seamos conducidos a nuestras muertes, la espada en nuestros cuellos, los leones desgarrando nuestras gargantas: es solo un inconveniente menor.

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Ya no nos preocupa este mundo caído, continuará destruyéndose en el pecado que perpetúa, no tiene futuro.

Nuestra esperanza está en Dios, y con su ayuda, traemos el Cielo con nosotros a este mundo autodestructivo.

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La eternidad está naciendo, y el mundo caído tiembla en contracciones, ya que el Reino de Dios destruye todo el poder del enemigo. Amén.

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