2020.08.23 Homily

Readings and Gospel at USCCB

We are born in pain, the cries and gasps of our mothers the first sounds we hear as we are birthed into this world.

At first, we only know how to make ourselves understood with tears and crying.

As we grow, our parents do their best to shelter us from the harsh realities of this world.

But we soon learn, this earth is a terrifying place.

Wars, oppression, slavery, hatred, suffering and death.

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“But who do you say that I am?”

Simon Peter said in reply,

“You are the Christ, the Son of the living God.”

Jesus said to him in reply,

“Blessed are you, Simon son of Jonah.
For flesh and blood has not revealed this to you, but my heavenly Father.”

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The things revealed to us by flesh and blood, by this world, are terrifying and frightening.

They leave us with no cause for hope, only cynicism and despair.

It is the revelation of God, that gives us hope.

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If we do not pay attention to what God is telling us, to what he wants to teach us, we will never have the full picture.

We will be distracted by the dirt and grime of this world, and miss the glory and perfection of the supernatural.

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If, like Peter, we want to know and speak the whole truth, it must be revealed to us by our Heavenly Father.

God must be our source, approached through the tradition that He formed, the Church that he gave to show Him forth to the world.

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The mass, prayer, fasting, almsgiving, and reading spiritual writings, in all these things, we give God the space and time, to reveal reality to us.

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May we seek truth and wisdom in the only one who can give it to us, God, our almighty Father.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Nacemos con dolor, los gritos de nuestras madres son los primeros sonidos que escuchamos cuando nacemos en este mundo.

Cuando somos bebés, solo sabemos cómo expresarnos con lágrimas y llanto.

A medida que crecemos, nuestros padres hacen todo lo posible para protegernos de las duras realidades de este mundo.

Pero pronto aprendemos, esta tierra es un lugar aterrador.

Guerras, opresión, esclavitud, odio, sufrimiento y muerte.

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“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”

Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! “.

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Las cosas que nos revela el hombre, este mundo, son aterradoras.

No nos dejan ningún motivo de esperanza, solo cinismo y desesperación.

Es la revelación de Dios lo que nos da esperanza.

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Si no prestamos atención a lo que Dios nos está diciendo, a lo que quiere enseñarnos, nunca tendremos la verdad completa.

Seremos distraídos por la suciedad y la mugre de este mundo, y extrañaremos la gloria y la perfección de lo sobrenatural.

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Si, como Pedro, queremos saber y decir toda la verdad, nuestro Padre Celestial debe revelarnosla.

Dios debe ser nuestra fuente de verdad, abordada a través de la tradición que formó, la Iglesia que dio para presentarlo al mundo.

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La misa, la oración, el ayuno, la limosna y la lectura de los escritos espirituales, en todas estas cosas, le damos a Dios el espacio y el tiempo, para revelarnos la realidad.

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Que busquemos la verdad y la sabiduría en el único que nos las puede dar, Dios, nuestro Padre todopoderoso.

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