2020.10.04 Homily

Readings and Gospel at USCCB

There is a trick to understanding the readings and Gospel at mass.

Our first reading is always from the Old Testament. As such it points forward to the most important event that will happen: The Incarnation: the birth, life, suffering, death, resurrection and ascension of Jesus Christ, the Only-Begotten Son of the Father.

The Psalm follows, also from the Old Testament, also pointing towards Jesus.

Let’s jump over the second reading, because the Gospel is what the first reading and psalm were setting us up for: in the Gospel, we are given a scene from the life of Jesus.

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The Gospel resides at the heart of the mass, the Liturgy of the Word leads up to it, and the Liturgy of the Eucharist proceeds from it towards Communion, where the Good News of the Gospel enters us, under the accidents of bread and wine.

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But now we jump back to the second reading.

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It can seem so out of place, it usually has no clear connection to the first reading, and no obvious connection to the Gospel either.

It almost seems like it doesn’t belong.

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But what is important to consider, is where that second reading comes from.

It’s from the New Testament, after the Gospel, from a letter sent to a particular place, and a particular church.

An exhortation from an Apostle to Christians following Jesus, just like you and me.

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In a way the second reading is the most practical to us, because it was written for people just like us.

The Old Testament was written by and for the Jewish people (though it obviously has good and important things for us to hear), the Gospel was written to teach people the story of the Incarnation, which we already know.

The rest of the New Testament, however, was written for everyday followers of Jesus, to correct us, to exhort us, to direct us in better living out our calling, as followers of Christ.

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In our second reading today, we receive explicit advice: to leave aside anxiety; entrust everything to God; let the peace of God guard your heart; fill your minds with thoughts of what is true, honorable, just, pure, lovely, and gracious.

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Leave aside anxiety, entrust everything to God.

Anxiety does betray a lack of trust in God. With all the things going on in the world around us, it is an excellent time to examine our lives, and see if we are anxious about anything. Then we will know, in what areas of our lives we need to work on trusting God.

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Let the peace of God fill your heart.

Complete trust in God will bring a peace the world cannot give. But that is not the only component of the peace of God.

The fullness of peace God offers us, is only found when we trust, AND when we make use of the tools he has given us. The mass, confession, the various forms of prayer; fasting, and almsgiving.

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Finally, fill your mind with thoughts of good things.

Here I recommend an explicit practice, because there are so many ways this can be done. But here is one powerful way.

Start each day, by reading a little section of scripture.

Just a few verses, read early in the morning, will give you something good and wholesome to think about the entire day.

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Fill yourself with what is of God, and leave no room for the enemy.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Hay un método para comprender las lecturas y el Evangelio en la misa.

Nuestra primera lectura es siempre del Antiguo Testamento. Señala el acontecimiento más importante: La Encarnación: el nacimiento, la vida, el sufrimiento, la muerte, la resurrección y la ascensión de Jesucristo, el Hijo Unigénito del Padre.

El Salmo sigue, también del Antiguo Testamento, también apuntando hacia Jesús.

Dejemos de lado la segunda lectura, porque el Evangelio es para lo que se preparaban la primera lectura y el salmo: en el Evangelio se nos da una escena de la vida de Jesús.

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El Evangelio reside en el corazón de la misa, a ella conduce la Liturgia de la Palabra, y de ella procede la Liturgia Eucarística hacia la Comunión, donde la Buena Nueva del Evangelio se convierte en nuestro alimento, bajo los accidentes del pan y del vino.

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Pero ahora volvemos a la segunda lectura.

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Puede parecer fuera de lugar, por lo general no tiene conexión con la primera lectura y ninguna conexión obvia con el Evangelio.

Casi parece que no pertenece allí.

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Pero lo que es importante considerar es de dónde viene esa segunda lectura.

Es del Nuevo Testamento, después del Evangelio, de una carta enviada a un lugar en particular y a una iglesia en particular.

Una exhortación de un apóstol a los cristianos que siguen a Jesús, como tú y yo.

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La segunda lectura es la más práctica para nosotros, porque fue escrita para personas como nosotros.

El Antiguo Testamento fue escrito por y para el pueblo judío (aunque obviamente tiene cosas buenas e importantes para que escuchemos), el Evangelio fue escrito para enseñar a la gente la historia de la Encarnación, que ya conocemos.

El resto del Nuevo Testamento, sin embargo, fue escrito para los seguidores cotidianos de Jesús, para corregirnos, exhortarnos, dirigirnos a vivir mejor nuestro llamado, como seguidores de Cristo.

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En nuestra segunda lectura de hoy, recibimos un consejo explícito: dejar de lado la ansiedad; confía todo a Dios; que la paz de Dios guarde tu corazón; llenen sus mentes con pensamientos de lo que es verdadero, honorable, justo, puro, hermoso y misericordioso.

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Deja a un lado la ansiedad, confía todo a Dios.

La ansiedad delata la falta de confianza en Dios. Con todas las cosas terribles que suceden en el mundo, es un momento excelente para examinar nuestras vidas y ver si estamos ansiosos por algo. Entonces sabremos, en qué partes de nuestra vida debemos trabajar para confiar en Dios.

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Deja que la paz de Dios llene tu corazón.

La total confianza en Dios traerá paz. Pero ese no es el único componente de la paz de Dios.

La plenitud de la paz que Dios nos ofrece, solo se encuentra cuando confiamos, Y cuando hacemos uso de las herramientas que Él nos ha dado. La misa, la confesión, las diversas formas de oración; ayuno y limosna.

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Finalmente, llena tu mente con pensamientos de cosas buenas.

Recomiendo una práctica explícita, porque hay muchas formas de hacerlo. Pero aquí hay una forma poderosa.

Comience cada día leyendo una pequeña sección de las Escrituras.

Simplemente lea algunos versículos temprano en la mañana y le dará algo bueno y saludable en lo que pensar durante todo el día.

/Llénate de lo que es de Dios y no dejes lugar para el enemigo.

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