2021.01.03 Homily

Readings and Gospel at USCCB

Travelling from afar, following the star, remembering ancient prophecies, the magi came to adore the newborn King.

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They brought him expensive gifts: gold, frankincense, and myrrh.

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But consider, just how humorous those gifts were.

A small amount of gold, to Him who created all gold that exists in our universe.

A small amount of frankincense and myrrh, to Him who created every single tree they are derived from.

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It’s like when a child, picks flowers from  their mother’s flower garden to give to her.

Or asks their father for ten dollars to buy him a birthday present.

The humor should not be lost on us.

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But we must also remember, that the gift is still appreciated.

Not because of the gift in itself, but because it was a show of affection and admiration.

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As we grow older, we realize that the best gift we can ever give, is our time and presence.

To our parents, to our friends, even to God, the best thing we have, is ourselves.

And we have learned this lesson even more during this past year, when we were so severely limited in visiting each other.

Just being around someone else, is the best gift we can give.

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This is especially true when it comes to God.

Infinitely better than gold, frankincense, or myrrh, is just time spent with Him.

Time at church, time in prayer, time with God out in nature: time being actively present, is the richest treasure we have to offer.

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As we continue in this mass, ask God to help you fully realize, the gift you bring by being here.

Ask God to show you, how much He appreciates your presence.

God is overjoyed, that we are here!

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Viajando desde lejos, siguiendo la estrella, recordando antiguas profecías, los magos vinieron a adorar al Rey recién nacido.

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Le trajeron regalos caros: oro, incienso y mirra.

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Pero considere lo ridículos que fueron esos regalos.

Una pequeña cantidad de oro, para Aquel que creó todo el oro que existe en nuestro universo.

Una pequeña cantidad de incienso y mirra, para Aquel que creó cada árbol del que se derivan.

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Es como cuando un niño recoge flores del jardín de flores de su madre para dárselas.

O le pide a su padre diez dólares para comprarle un regalo de cumpleaños.

La ridiculez no debe perderse en nosotros.

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Pero también debemos recordar que el obsequio sigue siendo apreciado.

No por el regalo en sí mismo, sino porque fue una muestra de cariño y admiración.

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A medida que envejecemos, nos damos cuenta de que el mejor regalo que podemos dar es nuestro tiempo y nuestra presencia.

Para nuestros padres, para nuestros amigos, incluso para Dios, lo mejor que tenemos somos nosotros mismos.

Y hemos aprendido esta lección aún más durante el año pasado, cuando estábamos tan limitados para visitarnos.

El solo hecho de estar cerca de otra persona es el mejor regalo que podemos dar.

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Esto es especialmente cierto cuando se trata de Dios.

Infinitamente mejor que el oro, el incienso o la mirra, es simplemente el tiempo que pasamos con Él.

Tiempo en la iglesia, tiempo en oración, tiempo con Dios en la naturaleza: el tiempo de estar activamente presente, es el tesoro más rico que tenemos para ofrecer.

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Mientras continuamos en esta misa, pídale a Dios que le ayude a realizar plenamente el regalo que le brinda al estar aquí.

Pídale a Dios que le muestre cuánto aprecia su presencia.

¡Dios está encantado de que estemos aquí!

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