2021.01.10 Homily

Readings and Gospel at USCCB

It is difficult to express the reality of what happens when we pray.

What is actually happening is something we don’t experience when communicating with other people.

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With other people, we’ve got to pick up the phone and reach out to them, we’ve got to say something when they are standing in front of us, or at the very least wave as we pass them on the street.

We have to go out of ourselves. We have to send out the lines of communication. It’s an activity we do.

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Prayer, communication with God, is different.

The line of communication has already been started by God.

On our end, it’s more like opening up the floodgates to let God in.

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When we pray, we give attention to God, who has been there, waiting, giving us complete attention the whole time.

Do not trust your feelings, often they are wrong. Many times you will not feel God’s presence, but God’s presence does not change, he is always there, waiting for us to respond.

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We live close to the Mississippi river. In places over a mile wide, a steady current, and full of muddy brown water.

The only thing the Mississippi river has in common with the Jordan river, where Jesus was baptized, is the muddy water.

Compared to the mighty Mississippi, you can barely call the Jordan a river, it’s more of a stream.

Along its whole course it gets no wider than one hundred feet, and only roughly ten feet deep.

Nothing impressive about it.

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But Jesus descended into that tiny, insignificant river, and was baptized with that brown, muddy water.

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The Baptism of Jesus in the Jordan by John the Baptist, is an icon for the whole Paschal mystery.

God, descending into the murky depths of humanity, into all of our nastiness and sin, and making use of that human nastiness, to bring about our redemption.

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That is the love story, of God and us.

That no matter where we are, no matter how messy and horrible the situation, God is there.

He’s not there to make things magically get better, but he’s there, because he loves us and wants to be with us.

And in that love, together with God, using the human muck, we recreate the world.

And the Kingdom is built.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Es difícil explicar qué sucede cuando oramos.

Lo que realmente está sucediendo es algo que no experimentamos cuando nos comunicamos con otras personas.

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Con otras personas, tenemos que usar el teléfono y hablar con ellos, tenemos que decir algo cuando están parados frente a nosotros, o saludar cuando los pasamos por la calle.

Tenemos que salir de nosotros mismos. Tenemos que enviar las líneas de comunicación. Es una actividad que hacemos.

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La oración, la comunicación con Dios, es diferente.

Dios ya inició la línea de comunicación.

Por nuestra parte, es más como abrir la puerta para dejar entrar a Dios.

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Cuando oramos, prestamos atención a Dios, que ha estado allí, esperando, brindándonos una atención completa todo el tiempo.

No confíe en sus sentimientos, a menudo se equivocan. Muchas veces no sentirás la presencia de Dios, pero la presencia de Dios no cambia, siempre está ahí, esperando que respondamos.

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Vivimos cerca del río Mississippi. En lugares de más de una milla de ancho, una corriente constante y llena de agua fangosa.

Lo único que el río Mississippi tiene en común con el río Jordán, donde Jesús fue bautizado, es el agua fangosa.

En comparación con el poderoso Mississippi, apenas se puede llamar al Jordán un río, es más un arroyo.

A lo largo de todo su curso no se ensancha más de treinta metros.

No tiene nada de impresionante.

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Pero Jesús descendió a ese río diminuto e insignificante y fue bautizado con esa agua turbia y oscura.

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El bautismo de Jesús en el Jordán por Juan el Bautista, es un icono de todo el misterio pascual.

Dios, descendiendo a las oscuras profundidades de la humanidad, a toda nuestra maldad y pecado, y haciendo uso de esa maldad humana, para lograr nuestra redención.

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Esa es la historia de amor de Dios y nosotros.

Que no importa dónde estemos, no importa cuán desordenada y horrible sea la situación, Dios está ahí.

Él no está ahí para hacer que las cosas mejoren mágicamente, pero está ahí, porque nos ama y quiere estar con nosotros.

Y en ese amor, junto con Dios, utilizando el desorden humano, recreamos el mundo.Y se construye el Reino.

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