2021.01.17 Homily

Readings and Gospel at USCCB

In both our first reading and Gospel, we are confronted with 3 persons who made God the center of their lives.

In the first reading, the prophet Samuel, raised in the temple, hearing the voice of God at a young age, the one who anointed Saul the king of Israel, and later anointed David.

Then in the Gospel we have two disciples, one of which we find out is Andrew, who becomes one of the twelve Apostles, but in this passage we see how he was a disciple of John the Baptist before he began to follow Jesus.

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What we see in these three persons is a dedication to God, that all of us should emulate.

In the two disciples in the Gospel, we see people looking for the truth, first following John the Baptist, and when he points out Jesus as the one they are looking for, they follow him.

They ask where he is staying.

They want to follow him completely, staying where he is staying, eating what he eats, listening to what he says, living with Jesus.

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In a way they are captivated by the truth.

They are not distracted by day-to-day concerns or worries, they are entranced, ready to follow Jesus wherever he goes.

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And then we have Samuel, raised for this kind of life, but moreso than that, he listened.

As we see in the first reading, the important thing Eli taught him, was to listen for God.

That simple prayer that we should all say from time to time: “Speak, Lord, for your servant is listening.”

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Captivated following, and enraptured listening.

Both come from a common source: wanting to be with God.

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We are made in God’s image, and what God wants, is to be with us.

Thus, in the very depths of our being, all we truly want, is to be with God in return.

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To listen to Him, to follow Him, to stay with Him, share a table with Him, share an eternal life with Him.

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This is what our faith reveals: that we are restless, until we rest in God.

That all we really want, all we really need, is God.

When we stop fighting against this fact, we find peace, in doing what we are meant to do.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

En nuestra primera lectura y evangelio, nos enfrentamos a tres personas que hicieron de Dios el centro de sus vidas.

En la primera lectura, el profeta Samuel, viviendo en el templo, oyendo la voz de Dios a una edad temprana, el que ungió a Saúl rey de Israel, y luego ungió a David.

Luego, en el Evangelio tenemos dos discípulos, uno de los cuales descubrimos que es Andrés, quien se convierte en uno de los doce Apóstoles, pero en este pasaje vemos cómo fue discípulo de Juan el Bautista antes de comenzar a seguir a Jesús.

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Lo que vemos en estas tres personas es una dedicación a Dios, que todos debemos emular.

En los dos discípulos del Evangelio, vemos personas que buscan la verdad, primero siguiendo a Juan el Bautista, y cuando él señala a Jesús como a quien están buscando, lo siguen.

Le preguntan dónde se aloja.

Quieren seguirlo por completo, quedarse donde se queda, comer lo que come, escuchar lo que dice, vivir con Jesús.

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En cierto modo, están cautivados por la verdad.

No están distraídos por las preocupaciones o preocupaciones del día a día, están encantados, listos para seguir a Jesús dondequiera que vaya.

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Y luego tenemos a Samuel, educado para este tipo de vida, pero más que eso, escuchó.

Como vemos en la primera lectura, lo importante que le enseñó Elí fue escuchar a Dios.

Esa sencilla oración que todos debemos decir de vez en cuando: “Habla, Señor; tu siervo te escucha”.

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Seguir y escuchar.

Ambos provienen de una fuente común: querer estar con Dios.

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Estamos hechos a imagen de Dios, y lo que Dios quiere es estar con nosotros.

Por lo tanto, en lo más profundo de nuestro ser, lo único que realmente queremos es estar con Dios a cambio.

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Escucharlo, seguirlo, compartir una mesa con Él, compartir una vida eterna con Él.

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Esto es lo que revela nuestra fe: que estamos inquietos hasta que descansemos en Dios.

Que todo lo que realmente queremos, todo lo que realmente necesitamos, es a Dios.

Cuando dejamos de luchar contra este hecho, encontramos la paz al hacer lo que se supone que debemos hacer.

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