2021.04.11 Divine Mercy Homily

Readings and Gospel at USCCB

We celebrate Divine Mercy Sunday.

We celebrate that God is so merciful, so ready to forgive our sins, that the only sin He won’t forgive, is the one we don’t bring to Him for forgiveness.

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It is a mercy we see in our Gospel: how Jesus appears a second time, just to bring Thomas back into the fold.

The mercy of God, is that He pursues us, and he does not give up on us, until we make our final choice.

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And notice how Jesus wears the badge of His mercy upon His resurrected body: the wounds of the nails on his hands and feet, and of the spear in His side.

The Passion, Death, and Resurrection is the greatest act of mercy God performs, and he bears the wounds from that act of mercy, for eternity.

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This can apply to us as well.

Jesus bears the wounds of His great act of mercy.

We bear the wounds we earned from the times God had to give us that mercy.

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Look to the saints: their weaknesses and past sins gave them cause to rejoice: because in those sins, they learned the mercy and love of God, who wiped them away.

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The marks left by sins that have been forgiven, are not causes for shame, but for rejoicing!

The addict who has been sober for twenty years, should have no room for shame, but should be preoccupied with rejoicing, over the gift they’ve been given!

Their past sins become badges of honor, because they show how good God is.

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So on this feast when we celebrate the mercy of God, remember your past sins, the wounds you bear.

But do not remember them to feel shame, do not remember them to feel humiliated.

Remember them to rejoice!

Rejoice that God is so merciful, that he forgave you those sins, bound up your wounds, and now you bear those scars, as signs of His mercy.

In your very life: you proclaim the mercy of God.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Celebramos el Domingo de la Divina Misericordia.

Celebramos que Dios es tan misericordioso, tan dispuesto a perdonar nuestros pecados: que el único pecado que no perdonará, es el que no le llevamos para que nos perdone.

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Es una misericordia que vemos en nuestro Evangelio: cómo Jesús aparece por segunda vez, solo por Tomás.

La misericordia de Dios es que nos persigue y no nos abandona, hasta que tomemos nuestra decisión final.

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Y observe cómo Jesús lleva la insignia de Su misericordia sobre Su cuerpo resucitado: las heridas de los clavos en sus manos y pies, y de la lanza en Su costado.

La Pasión, Muerte y Resurrección es el mayor acto de misericordia que Dios realiza, y él lleva las heridas de ese acto de misericordia, por la eternidad.

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Esto también se aplica a nosotros.

Jesús lleva las heridas de su gran acto de misericordia.

Llevamos las heridas que nos ganamos de los tiempos en que Dios tuvo que darnos esa misericordia.

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Mirad a los santos: sus debilidades y pecados pasados les dieron motivo de alegría: porque en esos pecados aprendieron la misericordia y el amor de Dios, que los perdonó.

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Las marcas dejadas por los pecados que han sido perdonados no son motivo de vergüenza, sino de regocijo.

El adicto que ha estado sobrio durante veinte años, no debería tener lugar para la vergüenza, ¡pero debería preocuparse por el regocijo, por el regalo que se le ha dado!

Sus pecados pasados se convierten en insignias de honor, porque muestran lo bueno que es Dios.

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Entonces, en esta fiesta cuando celebramos la misericordia de Dios, recuerde sus pecados pasados, las heridas que lleva.

Pero no los recuerdes para sentir vergüenza, no los recuerdes para sentirse humillados.

¡Recuérdalos para regocijarte!

Alégrate de que Dios es tan misericordioso, que te perdonó esos pecados, vendó tus heridas y ahora las llevas, como signos de su misericordia.

En tu propia vida: proclamas la misericordia de Dios.

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