2021.04.25 Homily

Readings and Gospel at USCCB

I am the Good Shepherd, and I know mine, and mine know me.

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Do you know Jesus?

Do you know his voice?

(not rhetorical, answer!)

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Traditionally, shepherds have been able to guide their flocks by voice commands.

What Jesus is getting at by using the image of a shepherd, is that the people who follow him, will know him so well, that they know his voice, his character, his bearing: in short, they will know everything about him, and be able to distinguish him from others.

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In our Catholic tradition we call this the ‘Discernment of Spirits.’

Meaning that we know the difference between the God, the world, and the enemy.

We can discern, or understand, that God speaks to [and directs us] in a certain way; natural and worldly things affect us in another way; and the temptings of the enemy have their own character that give them away.

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The spirit of the world is the simplest to discern.

When we are hungry, sleepy, or thirsty, we know it. It’s simply our body telling us what it needs.

When we walk outside and it’s hot or cold, bodily discomfort lets us know.

When we get in an accident and break a bone, pain let’s us know we are hurt.

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The spirit of God and of the enemy is a little more difficult, but it can be learned through our tradition.

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The spirit of God, God’s voice, is calm and refreshing.

Sometimes it’s so calm, you’re not even sure it’s there.

Other times it’s so overwhelming, it’s the only thing we can pay attention to.

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God encourages and convicts, God pulls us away from sin, not by making us ashamed, but by showing us we are meant for more. Inspiring us to greatness!

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God enlightens us and leads us to wisdom: God pulls us towards comprehending reality, not just learning shameful secrets and hidden knowledge, but connecting us to a larger world. The heavenly kingdom, and a wisdom that leaves us full of wonder and awe at it’s beauty.

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God reassures and brings peace: he’s not going to yell or throw a tantrum, he understands us better than we understand ourselves, he will never rush or confuse us.

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On the other hand, the enemy, Satan and his army, works constantly to undo the work of God.

The beautiful thing, is even from the midst of the seeming victories of the enemy, God turns all things to good.

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The enemy is going to rush and confuse you. Whatever sin he’s pushing you towards, it needs to happen now! And don’t ask questions!

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The enemy will frighten you and attempt to push you into obsession. Hidden knowledge that alarms and panics you. Obsession over the tiniest of things to keep you from seeing the whole picture.

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The enemy condemns and worries you: trying to keep you on edge and ashamed of past sins, all to the purpose of driving you toward new sins.

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Discernment of spirits, figuring out if the influence we feel is from God, the world, or the enemy, is a tool presented to us by our Church.

A tool that brings us great help in navigating this earthly life, learning how to listen for God, and follow his directions.

Learn to listen for the voice of God, a voice that encourages, convicts, enlightens, leads, reassures, and brings peace. Amen.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí

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¿Conoces a Jesus?

¿Conoces su voz?

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Tradicionalmente, los pastores han podido guiar a sus rebaños mediante comandos de voz.

Jesús está usando la imagen de un pastor, para indicar que las personas que lo siguen, lo conocerán tan bien, que conocerán su voz, su carácter, sus acciones: sabrán todo de él, y podrán distinguirlo de otros.

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En nuestra tradición católica lo llamamos el “Discernimiento de los espíritus”.

Lo que significa que conocemos la diferencia entre Dios, el mundo y el enemigo.

Podemos discernir, o entender, que Dios nos habla [y nos dirige] de cierta manera; las cosas naturales y mundanas nos afectan de otra manera; y las tentaciones del enemigo tienen su propio carácter.

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El espíritu del mundo es el más simple de discernir.

Cuando tenemos hambre, sueño o sed, lo sabemos. Es simplemente nuestro cuerpo diciéndonos lo que necesita.

Cuando hace calor o frío, las molestias corporales nos lo avisan.

Cuando sufrimos un accidente y nos rompemos un hueso, el dolor nos hace saber que estamos heridos.

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El espíritu de Dios y del enemigo es un poco más difícil, pero se puede aprender a través de nuestra tradición.

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El espíritu de Dios, la voz de Dios, es sereno y refrescante.

A veces es tan tranquilo que ni siquiera puedes sentirlo.

Pero otras veces es abrumador.

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Dios anima y convence, Dios nos aleja del pecado, no haciéndonos avergonzarnos, sino mostrándonos que estamos destinados a más. ¡Inspirándonos a la grandeza!

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Dios nos ilumina y nos lleva a la sabiduría: Dios nos empuja hacia la comprensión de la realidad, no solo a aprender secretos vergonzosos y conocimientos ocultos, sino a conectarnos con un mundo más amplio. El reino celestial y una sabiduría que nos deja llenos de asombro y asombro ante su belleza.

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Dios tranquiliza y trae paz: no va a gritar ni a hacer un berrinche, nos comprende mejor de lo que nos entendemos a nosotros mismos, nunca nos apresurará ni nos confundirá.

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Por otro lado, el enemigo, Satanás y sus demonios, trabaja para deshacer la obra de Dios.

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El enemigo se apresurará y te confundirá. Sea cual sea el pecado al que te está empujando, ¡debe suceder ahora! ¡Y no hagas preguntas!

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El enemigo te asustará e intentará obsesionarte. Conocimiento oculto que te alarma y te asusta. Obsesión por las cosas más pequeñas para evitar que veas la imagen completa.

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El enemigo te condena y te preocupa: tratando de mantenerte nervioso y avergonzado de los pecados pasados, todo con el propósito de llevarte a nuevos pecados.

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El discernimiento de espíritus, averiguar si la influencia que sentimos es de Dios, del mundo o del enemigo, es una herramienta que nos presenta nuestra Iglesia.

Una herramienta que nos ayuda a navegar en esta vida terrenal, aprender a escuchar a Dios y seguir sus instrucciones.

Aprenda a escuchar la voz de Dios, una voz que anima, convence, ilumina, guía, tranquiliza y trae paz. Amén.

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