2021.06.27 Homily

Readings and Gospel at USCCB

In our Gospel, we see Jesus walking into an impossible situation.

We are early in the Gospel of Mark, and Jesus has already healed a few lepers, cast out a few demons, and just healed a woman with hemmorages that could not be cured by the medicine of the day. But he hadn’t brought anyone back from the dead.

This was the first time.

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Of course it happened perfectly.

But notice his tenderness after he raises her from the dead:

Don’t tell anyone, get her a snack, let her rest.

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Mark wrote his Gospel with an economy of words, it is the shortest Gospel, and by quite a bit.

But he made sure to show us how caring Jesus is.

That needed to be recorded.

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One of the titles of Jesus is The Divine Physician.

And it’s obvious when we consider how he raised people from the dead, cured incurable illnesses, cleansed lepers, and cast out demons.

But the reason he did those miracles, was to show that he could heal at a deeper level.

That he could heal our souls.

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Sin rends and tears, it pulls us apart, it makes us slowly fade into inhumanity.

Dying on the cross to wash away our sins with his own blood, that was the ultimate act of healing.

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He makes us fully human again, fully alive.

Patching up the destruction caused by sin.

And tenderly caring for us while we heal.

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This is exactly what happens when we go to confession, come to mass, recieve the Eucharist, spend time in prayer, perform acts of charity, and practice mortification. 

We give Jesus the opportunity to heal us, to make us whole.

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Much like going to the doctor or the dentist, it doesn’t always feel good.

The poison of sin needs to be drawn out of our souls, tendecies towards evil must be burned away.

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But Jesus is the only way, to become truly human.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

En nuestro Evangelio, vemos a Jesús entrando en una situación imposible.

Estamos al comienzo del Evangelio de Marcos, y Jesús ya ha sanado a algunos leprosos, ha expulsado algunos demonios y acaba de sanar a una mujer con hemorragias. Pero no había resucitado a nadie.

Esta fue la primera vez.

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Note su ternura después de que la resucitó de entre los muertos:

No le digas a nadie, dale un bocadillo, déjala descansar.

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Marcos escribió su Evangelio con economía de palabras, es el Evangelio más corto.

Pero se aseguró de mostrarnos cuán amable es Jesús.

Eso necesitaba ser registrado.

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Uno de los títulos de Jesús es El médico divino.

Y es obvio cuando consideramos cómo resucitó a personas de entre los muertos, curó enfermedades incurables, limpió leprosos y expulsó demonios.

Pero la razón por la que hizo esos milagros fue para demostrar que podía sanar a un nivel más profundo.

Que pudiera sanar nuestras almas.

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El pecado desgarra, nos separa, nos hace desvanecernos en la inhumanidad.

Morir en la cruz para lavar nuestros pecados con su propia sangre, ese fue el acto supremo de curación.

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Nos vuelve a hacer completamente humanos, completamente vivos.

Reparando la destrucción causada por el pecado.

Y cuidándonos mientras sanamos.

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Esto es exactamente lo que sucede cuando nos confesamos, venimos a misa, recibimos la Eucaristía, pasamos tiempo en oración, realizamos actos de caridad y practicamos la mortificación.

Le damos a Jesús la oportunidad de sanarnos.

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Al igual que ir al médico o al dentista, no siempre se siente bien.

El veneno del pecado debe ser extraído de nuestras almas, las tendencias hacia el mal deben ser quemadas.

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Pero Jesús es el único camino para volverse verdaderamente humano.

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