2021.08.08 Homily

Readings and Gospel at USCCB

The Law of the Conservation of Energy states that, within an isolated system, the total energy of that system remains constant.

We see this played out all around us.

For example, when a baseball player is up to bat. The energy of the bat as he swings it, is transferred to the ball, which flies away. The amount of energy is almost the same, even though transferred from the bat to the ball.

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This law was discovered based on a more ancient rule that was used in Greek Philosophy hundreds of years before the birth of Christ. The rule was: nothing can give, that which it does not have.

It’s a version of the law that is more of a negation.

If the bat did not have energy to give, the ball would not fly. 

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The gist of all this, is that for real change to happen within a system, something must be added from outside of it.

And thus that one line that sticks out in our Gospel: “They shall all be taught by God.” 

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Humanity on it’s own, is a closed system.

We only have humanity to give, our sins, failings, misunderstandings.

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We need God to be our teacher, who is infinitely greater than us, otherwise we shall never progress.

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God can give things we do not have: virtues, acts of holiness, peace, and joy.

And the way we learn from God, is the same way the people in our Gospel, learned from Jesus.

They sat at his feet, and listened.

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We do the same when we come to mass or pray the liturgy of the hours.

When we go to Eucharistic Adoration, pray with scripture, pray the rosary, meditate, indeed, any form of prayer.

It is through liturgy and prayer, that we sit at the feet of Jesus, and listen to his word.

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During the rest of mass, listen more closely for God’s voice.

He is here, speaking to you.

Listen, for His voice.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

La Ley de Conservación de Energía establece que, dentro de un sistema aislado, la energía total de ese sistema permanece constante.

Vemos que esto se desarrolla a nuestro alrededor.

Por ejemplo, cuando un jugador de fútbol patea la pelota. La energía de su pierna mientras la balancea, se transfiere a la pelota, que se va volando. La cantidad de energía es casi la misma, aunque se transfiere de su pierna a la pelota.

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Esta ley se descubrió sobre la base de una regla más antigua que se usó en la filosofía griega cientos de años antes del nacimiento de Cristo. La regla era: nada puede dar, lo que no tiene.

Es una versión de la ley que es una negación.

Si la pierna del jugador de fútbol no tuviera energía para dar, la pelota no volaría.

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El punto de todo esto es que para que ocurra un cambio real dentro de un sistema, se debe agregar algo desde fuera de él.

Y así esa línea que sobresale en nuestro Evangelio: “Todos serán discípulos de Dios”.

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La humanidad por sí sola es un sistema cerrado.

Solo tenemos humanidad para dar, nuestros pecados, fallas, malentendidos.

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Necesitamos que Dios sea nuestro maestro, que es infinitamente más grande que nosotros, de lo contrario nunca progresaremos.

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Dios puede dar cosas que no tenemos: virtudes, actos de santidad, paz y alegría.

Y la forma en que aprendemos de Dios, es la misma forma en que las personas en nuestro Evangelio aprendieron de Jesús.

Se sentaron a sus pies y escucharon.

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Hacemos lo mismo cuando venimos a misa o rezamos la liturgia de las horas.

Cuando vamos a la Adoración Eucarística, rezamos con las escrituras, rezamos el rosario, meditamos, de hecho, cualquier forma de oración.

Es a través de la liturgia y la oración que nos sentamos a los pies de Jesús y escuchamos su palabra.

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Durante el resto de la misa, escuche más atentamente la voz de Dios.

Él está aquí, hablándote.

Escuche, por Su voz.

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