2021.12.19 Homily

Readings and Gospel at USCCB

Our second reading is a little confusing, but it is the most important reading for us to understand.

The structure of the readings at mass, is that the first reading sets the stage for the Gospel, the Gospel develops the main theme, and finally, the second reading shows us how to apply that theme.

The first reading, from the Old Testament, is the prefigurement of Christ.

The Gospel, tells the story of Christ.

And the second reading, from the New Testament, shows how the person that is Christ, is expressed in the lives of believers.

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So lets look closely at our second reading:

When Christ came into the world, he acknowledges that the Father does not desire sacrifice; offerings according to the law, give God no delight.

This is held in contrast to what Jesus actually does: instead of sacrifice, he does the will of the Father.

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Sacrifice has been abrogated, doing the will of the Father, is the greatest thing we can do.

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We saw this in the Gospel, as two women, both doing the will of the Father, met with great joy.

This meeting is immortalized in Catholic life, as with Elizabeth, we say “Blessed are you among women…” every time we pray the Hail Mary.

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Doing the will of God, draws us out of time, into eternity.

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To do the will of God, entails a lot of work.

Asking God for His will.

Listening for His response.

Asking for the graces needed to carry it out, then acting with courage and determination.

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And I saw courage intentionally: Elizabeth was asked to bear a child in her old age. Mary asked to virginally conceive a son before she moved in with her soon-to-be husband. And Jesus was asked to die on the cross.

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Doing the will of God will rarely be easy.

It means giving up our own will.

Many times it means giving up the comforts of this life: often those who do the will of God, end up impoverished, hungry, and exhausted.

The rewards are a peace the world cannot give, a joy that cannot be taken away-even in the worst of circumstances, and an eternity of happiness.

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Are we ready. with Christ, Mary, and Elizabeth, to put aside our own will, and do only, the will of God?

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

Nuestra segunda lectura es confusa, pero es la lectura más importante que debemos comprender.

La estructura de las lecturas en la misa es que la primera lectura da contexto al Evangelio, el Evangelio desarrolla el tema principal y, finalmente, la segunda lectura nos muestra cómo aplicar ese tema en nuestras vidas.

La primera lectura, del Antiguo Testamento, es la prefiguración de Cristo.

El Evangelio, cuenta la historia de Cristo.

Y la segunda lectura, del Nuevo Testamento, muestra cómo la persona que es Cristo se expresa en la vida de los creyentes.

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Así que veamos de cerca nuestra segunda lectura:

Cuando Cristo vino al mundo, reconoce que el Padre no desea sacrificios; ofrendas conforme a la ley, no agraden a Dios.

Esto se contrasta con lo que Jesús realmente hace: en lugar de sacrificios, hace la voluntad del Padre.

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El sacrificio ha sido abrogado, hacer la voluntad del Padre, es lo más grande que podemos hacer.

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Vimos esto en el Evangelio, cuando dos mujeres, ambas haciendo la voluntad del Padre, se encontraron con gran gozo.

Este encuentro está inmortalizado en la vida católica, como con Isabel, decimos “Bendita tú entre las mujeres …” cada vez que rezamos el Ave María.

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Hacer la voluntad de Dios nos saca del tiempo, a la eternidad.

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Hacer la voluntad de Dios implica mucho trabajo.

Pidiendo a Dios su voluntad.

Escuchando Su respuesta.

Pidiendo las gracias necesarias para llevarlo a cabo, luego actuando con coraje y determinación.

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Y vi coraje intencionalmente: se le pidió a Elizabeth que tuviera un hijo en su vejez. Mary pidió concebir virginalmente un hijo antes de mudarse con su futuro esposo. Y se le pidió a Jesús que muriera en la cruz.

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Hacer la voluntad de Dios rara vez será fácil.

Significa renunciar a nuestra propia voluntad.

Muchas veces significa renunciar a las comodidades de esta vida: muchas veces los que hacen la voluntad de Dios terminan empobrecidos, hambrientos y exhaustos.

Las recompensas son una paz que el mundo no puede dar, una alegría que no se puede quitar, incluso en las peores circunstancias, y una eternidad de felicidad.

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Estamos listos. con Cristo, María e Isabel, para dejar de lado nuestra propia voluntad y hacer solo la voluntad de Dios?

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