2022.01.23 Homily

Readings and Gospel at USCCB

At the center of our solar system, is the sun.

The reason our earth can support life, is it’s perfect distance from the sun.

We need the heat and light of the sun to warm our oceans, generate our weather patterns, feed our plants, which in turn feed us.

It so determines our lives, we build our schedules around the rotation of the earth around the sun.

Day and night, weeks and months and seasons and years.

All determined by our relation to the sun.

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In much the same way, our relation to God determines everything in our lives.

That is the obvious meaning sprinkled throughout our readings and psalm.

But it comes to a head in our Gospel.

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The one thing that is truly significant and central to our lives, which is God, can be difficult to approach.

Much like it is difficult to look at the sun. We live lives dictated by it, but never look at it.

But what if the sun, came to earth?

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That is the significance of our Gospel.

Jesus stands in the synogogue where he grew up, and announces that the most important and central reality to human life: is walking among us.

Indeed, it is Jesus himself.

God is visiting His people.

The Son, has come to earth.

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The trick for us, is remembering that God is here!

Remembering at all times, that our lives are centered on Him.

That we orbit around God, much as the earth orbits the sun.

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I offer a simple and ancient practice today, to help us with remembering.

It is called the Jesus prayer, and the first written record of this prayer is in the 400’s.

Lord Jesus Christ, Son of God, have mercy on me, a sinner.

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That’s the whole prayer:

Lord Jesus Christ, Son of God, have mercy on me, a sinner.

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It’s meant to be a prayer that sinks below the level of our consciencness, and becomes second nature.

The way you pray it, is timed with your breathing.

As you breathe in, say:

Lord Jesus Christ, Son of God…

And as you breathe out, say:

…have mercy on me, a sinner.

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It’s not a process that happens overnight, but the idea is that you start by saying it out loud, in repetition, following the pattern of your breathing.

You can even use rosary beads to to help you say it a certain number of times, or just use a timer and say it for a certain amount of time.

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The next stage, is for it to become more internal, where our lips still move with the words, but we are saying it within our hearts.

The final stage, the end goal, is for it to become a second form of breathing, where we find the words floating through our mind and heart and soul, throughout the day, following the pattern of our breath.

And when we come to the end of our days, these will be the final words we say, when we breath our last breath, and go to the Father.

Lord Jesus Christ, Son of God, have mercy on me, a sinner.

En Español

Lecturas y Evangelio en la USCCB

En el centro de nuestro sistema solar está el sol.

La razón por la que nuestra tierra puede soportar la vida, es su perfecta distancia al sol.

Necesitamos el calor y la luz del sol para calentar nuestros océanos, generar nuestros patrones climáticos, alimentar nuestras plantas, que a su vez nos alimentan a nosotros.

Es tan determinante en nuestras vidas, que construimos nuestros horarios en torno a la rotación de la tierra alrededor del sol.

El día y la noche, las semanas y los meses, las estaciones y los años.

Todo determinado por nuestra relación con el sol.

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De la misma manera, nuestra relación con Dios determina todo en nuestras vidas.

Este es el significado obvio que se encuentra en nuestras lecturas y en el salmo.

Pero el Evangelio lo deja muy claro.

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Lo que es verdaderamente significativo y central en nuestras vidas, que es Dios, puede ser difícil de acercar.

Al igual que es difícil mirar al sol. Vivimos vidas dictadas por él, pero nunca lo miramos.

¿Pero qué pasaría si el sol viniera a la tierra?

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Este es el significado de nuestro Evangelio.

Jesús está en la sinagoga donde creció, y anuncia que la realidad más importante y central para la vida humana: está caminando entre nosotros.

De hecho, es el propio Jesús.

Dios está visitando a su pueblo.

El Hijo, ha venido a la tierra.

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El truco para nosotros es recordar que Dios está aquí.

Recordar en todo momento, que nuestras vidas están centradas en Él.

Que orbitamos alrededor de Dios, como la tierra orbita alrededor del sol.

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Hoy ofrezco una práctica simple y antigua, para ayudarnos a recordar.

Se llama la oración de Jesús, y el primer registro escrito de esta oración es del año cuatrocientos.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador.

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Esa es la oración completa:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador.

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Se supone que es una oración que se convierte en una segunda naturaleza.

La forma de rezarla, se sincroniza con la respiración.

Mientras respiras, di:

Señor Jesucristo, Hijo de Dios…

Y al exhalar, diga:

…ten misericordia de mí, que soy un pecador.

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No es un proceso que ocurra rápidamente, pero el proceso es que empieces diciéndolo en voz alta, en repetición, siguiendo el patrón de tu respiración.

Incluso puedes usar las cuentas del rosario para ayudarte a decirlo un cierto número de veces, o simplemente usar un temporizador y decirlo durante un cierto tiempo.

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El siguiente objetivo es que se convierta en algo más interno, en el que nuestros labios sigan moviéndose con las palabras, pero que lo digamos dentro de nuestro corazón.

El objetivo final es que se convierta en una segunda forma de respiración, en la que encontremos las palabras flotando en nuestra mente, nuestro corazón y nuestra alma, a lo largo del día, siguiendo el patrón de nuestra respiración.

Y cuando lleguemos al final de nuestros días, éstas serán las últimas palabras que diremos, cuando exhalemos nuestro último aliento, y vayamos al Padre.

Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí, que soy un pecador.

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